La Restauración borbónica sucede al Sexenio Democrático y dura casi medio siglo.Durante las décadas centrales del siglo XIX se da un proceso de implantación del sistema liberal en España. Al comienzo de la década de 1870, las Cortes deciden que la forma de gobierno sea una monarquía y llega un rey italiano, Amadeo de Saboya. La monarquía de Amadeo I no se consolida y dura poco más de dos años, de 1871 a 1873. La falta de consenso político impide que Amadeo I se consolide como rey y en febrero de 1873 se proclama la I República española, que no dura ni un año. El experimento del Sexenio Democrático no funciona, ya que la monarquía dura dos años y la república tan solo once meses. Sin embargo, es un buen momento para la prensa porque hay una gran ansiedad de información por partede las élites, es el momento en que La Correspondencia de España y El Imparcial se disputan el honor de ser el periódico informativo más importante de España. El Sexenio Democrático no funciona porque hay un exceso de diversidad política y falta consenso. En ese momento aparece un nuevo protagonista de la historia social y política de España: el movimiento obrero. Aparece sobre todo en Madrid y Barcelona con sus respectivos periódicos como la emancipación, la igualdad o la lucha de clases, enmarcados dentro del Sexenio Democrático. Además, en Madrid el movimiento obrero está vinculado a los talleres de imprenta de los periódicos y las
editoriales. Se expresa a través de dos grandes corrientes: el socialismo y el
anarquismo, liderados por Pablo Iglesias y Anselmo Lorenzo, respectivamente. El
movimiento obrero toma carta en la naturaleza política y periodística de la historia de España durante el Sexenio Democrático, es un ejemplo de la pluralidad política que existe. Por otro lado, el republicanismo no cuaja en España porque se encuentra dividido en dos grandes vertientes, los federalistas y los unitarios. El experimento del Sexenio Democrático provoca que muchos progresistas queden desencantados y explica perfectamente el conservadurismo de la nueva etapa en la historia de España. En cuanto a la prensa se asiste a un nuevo modelo periodístico, el periodismo informativo y de empresa. El Imparcial introduce novedades como la rotativa de papel continuo, importada de París, y aparecen publicaciones gráficas
de cierta categoría con La Ilustración española y americana como la gran pionera del sector.
El Sexenio Democrático acaba con un golpe de Estado del general Manuel Pavía
sobre la I República el 4 de enero de 1874. El general Pavía formaría un gobierno
de concentración nacional con los partidos políticos y dio el poder al general
Serrano, que gobernó durante un año la regencia militar. A comienzos de 1875
hubo otro golpe de Estado, esta vez del general Arsenio Martínez-Campos, para
traer la Restauración borbónica. El golpe de Estado del general Martínez-Campos
tiene una trama en la que participan los periódicos conservadores para la vuelta de los borbones al trono de España. Los dos grandes diarios de la burguesía
conservadora (La Época, en Madrid, dirigido por Antonio Cánovas del Castillo; El Diario de Barcelona, en Barcelona, dirigido por Joan Mañé i Flaquer) están muy implicados en el diseño del golpe de Estado y de la nueva etapa, que consiste en la Restauración borbónica, la vuelta del hijo de Isabel II, Alfonso XII. La llegada de
Alfonso XII a Madrid le vino muy bien a los periódicos, ya que era un monarca muy
agraciado, aunque no tenía mucha vocación política. El hombre fuerte de la nueva etapa de la historia de España es Antonio Cánovas del Castillo, periodista,
historiador y político, fundador del Partido Conservador de la Restauración.
Cánovas del Castillo es quien dirige el nuevo período con el apoyo de la élite
conservadora, el ejército y los dos grandes periódicos conservadores, La Época y El
Diario de Barcelona. Durante los primeros cinco años de esta nueva etapa, es un
sistema muy autoritario de gobierno. La Restauración se basa en una constitución
diseñada por Cánovas del Castillo, la Constitución de 1876. La nueva constitución es una vuelta la Constitución de 1845, ya que se vuelve a la soberanía compartida (o cosoberanía). Los progresistas tienen un debate interno muy fuerte y se dividen. El periódico de los progresistas, El Imparcial, no sabe qué posición adoptar, aunque ya había apoyado el reinado de Amadeo y el experimento republicano. Eduardo Gasset, el propietario del periódico, era un progresista desencantado y finalmente decide aceptar la vuelta de los borbones a la monarquía española. El Imparcial era un periódico que quería que el proyecto político de España se basase en la educación y en la ciencia. En el año 1876 se crea la Institución Libre de Enseñanza, con la participación de El Imparcial, para introducir un nuevo modelo educativo en España, de inspiración europea, basado en la reflexión, el debate, las enseñanzas empíricas… La aceptación de la Restauración por parte de El Imparcial
provoca que la parte más izquierdista del periódico funde un nuevo periódico
llamado El Liberal, que sigue el modelo de periodismo informativo y de empresa,
pero con una línea editorial diferente y con Miguel Moya e Isidoro Fernández
Flórez como fundadores. Cuando aparecen estos periódicos, ciertos periodistas se convierten en auténticas autoridades. El Liberal es un periódico republicano moderado, aunque siempre se mantiene en la frontera con este republicanismo. El Liberal, a diferencia de El Imparcial, sí cree que haya que empezar a cambiar el país por la política. Estos grandes periódicos, a pesar de ser informativos y de empresa, también son políticos y no están carentes de ideología.
Cánovas del Castillo es un hombre muy pesimista porque conoce el periodismo y la historia de España. No cree en la democracia, ya que la considera un gobierno de mediocres. Es un fiel heredero del sistema censitario y para él el gobierno ideal está basado en grandes propietarios, en las élites del país. Debido al surgimiento de los movimientos sociales y el frágil momento político que vivía España, Cánovas del Castillo crea un nuevo modelo de gobierno, conocido como el turno pacífico, que consistía en el pacto entre el Partido Liberal y el Partido Conservador para alternarse en el gobierno. Si el jefe del Partido Conservador es Cánovas del Castillo, el del Partido Liberal es Sagasta, quien, al igual que su homólogo, venía de un
periódico, La Iberia. Cánovas y Sagasta son quienes se ponen de acuerdo y
establecen el turno pacífico, pero el que decidía cuándo le tocaba al Partido
Conservador o al Partido Liberal gobernar era el rey. La filosofía de este sistema de
alternancia era que los progresistas hacían reformas y los conservadores las
consolidaban. Cánovas y Sagasta son dos políticos que se percatan de que el
Sexenio Democrático ha sido un fracaso, así que no creen en la democracia pura, en
el sufragio universal o en una libertad de prensa ilimitada. El sistema de turno se
sustenta sobre el caciquismo que heredan de la etapa anterior de Isabel II. A pesar
de la inexistencia de la democracia, se considera una etapa de avances, ya que no existen bases económicas ni sociales para que España sea un país democrático,
aunque la Restauración no es más que “un despotismo ilustrado camuflado de
liberalismo”.
El papel de los periódicos durante la Restauración es, sobre todo, el de la
conspiración política. La prensa aparece como el lugar en el que se conspira para
que un partido político llegue al poder. En la década de 1880, con los progresistas
en el poder, Sagasta se ve obligado a crear reformas para atraer a más gente
(republicanos, antisistema…). En 1883 tiene lugar una reforma importante para la
historia del periodismo, conocida como la Ley Sagasta, que se mantiene en vigor
hasta la Guerra Civil (1936-1939). El líder del Partido Liberal decide crear una nueva ley de prensa, basándose en una que se había hecho en Francia dos años antes. La Ley Sagasta afirma que la libertad de prensa es un derecho fundamental y que debe estar fuera de la injerencia política y desaparecen los tribunales especiales. Hasta entonces, no había existido una ley de prensa clara, así que había mucho margen para la arbitrariedad de los gobiernos. Además, se establecen unas
normas y unos criterios administrativos claros con la desaparición de los tribunales extraordinarios. En resumen, se crea un marco liberal suficientemente
estable que permite la mejor etapa del periodismo español hasta la Guerra Civil.
Por otra parte, en 1881 aparece en Barcelona otro gran diario, La Vanguardia, que se convierte en el gran periódico de la burguesía catalana, quitándole el puesto a El Diario de Barcelona. A lo largo de su historia, La Vanguardia siempre fue un periódico de calidad y que ha sabido llevarse bien con todos los gobiernos. La
Vanguardia es también el reflejo del crecimiento industrial de la ciudad de
Barcelona, así como también se convierte en el prototipo de la nueva prensa.
En 1885 se empiezan a mover los cimientos del turno pacífico, ya que Alfonso XII, el gran valedor del sistema de alternancia entre Cánovas y Sagasta, se muere. En las vísperas de la muerte del monarca, Cánovas y Sagasta deciden proporcionar estabilidad al régimen y seguir con el turno de los partidos, a pesar del fallecimiento de Alfonso XII. Tras la muerte de Alfonso XII, los progresistas se
hacen con el poder y Sagasta dura cinco años, en lo que se conoce como el
“gobierno largo de Sagasta”. En la etapa final de su gobierno, en 1890, Sagasta crea una reforma fundamental, una ley de sufragio universal masculino. Esta ley es otro gran apoyo a la prensa porque todos los varones mayores de 25 años con un cierto nivel de alfabetización teóricamente podían votar. Las dos grandes leyes liberales para apoyar a la prensa son las leyes educativas y las de sufragio o ampliación de voto, ya que si la gente sabe leer, entonces compra periódicos y puede votar. El derecho de voto se ejerce sobre todo en las grandes ciudades, puesto que en el resto de España dominan los caciques. Desde 1890, en las grandes ciudades hay representantes del movimiento obrero y del nacionalismo. Los antisistema entran poco a poco en el sistema a través de las elecciones. Aprovechando las libertades de la etapa de Sagasta, aparece en 1886 el periódico del Partido Socialista Obrero Español, El Socialista, como semanario. Las reformas de Sagasta propician la llegada de nuevos elementos al panorama periodístico y político (órganos anarquistas y socialistas, periódicos nacionalistas…)
Sin embargo, la viuda de Alfonso XII, María Cristina de Habsburgo, estaba embarazada del rey y en 1886 nace su hijo Alfonso. Entre 1886 y 1902, durante 17
años, María Cristina de Habsburgo se convirtió en la regente de España, hasta que Alfonso XIII estuviese preparado para gobernar. Cuando se aprueba el sufragio
universal, se da un nuevo impulso a la prensa, y aparece otro gran periódico, El
Heraldo de Madrid. El Heraldo de Madrid era un periódico que buscaba un público
menos burgués que El Imparcial o El Liberal, progresista y vinculado a uno de los grandes políticos de comienzos del siglo XX, José Canalejas. Este periódico
representa una nueva tendencia del periodismo español, ya que considera que el cambio que necesita España debe empezar por la cuestión social, a diferencia de El Imparcial, que pensaba que el cambio debía comenzar por la educación, o El Liberal, que defendía que ese cambio tenía que empezar por la política.
La prensa sigue su avance. En la década de 1890 el bipartidismo político también
se refleja en la prensa gráfica. En 1891, con Cánovas del Castillo en el gobierno,
aparece un semanario gráfico muy importante, la revista Blanco y negro. Esta
revista es propiedad de un empresario sevillano llamado Torcuato Luca de Tena,
quien más adelante, funda el periódico ABC. La revista Blanco y negro tuvo un gran éxito entre la burguesía conservadora, puesto que reflejaba sus gustos estéticos y morales y se ocupaba mucho de la monarquía. Los progresistas lanzaron su propia revista ilustrada, Nuevo Mundo, de José del Perojo. La bipolaridad política y periodística también se establece en este sector emergente, el periodismo gráfico, que tímidamente empieza a industrializarse gracias a la fotografía y al color.
La última década del siglo XIX deja a España una herencia terrible, tres problemas que siguen sin resolverse. El primero de ellos es la violencia política por el tema de la cuestión social, que provoca una espiral de acción y reacción debido a los atentados anarquistas. Cánovas del Castillo, de hecho, es asesinado, en un atentado anarquista. El segundo problema es el auge de los nacionalismos, primero desde una vertiente cultural y más adelante desde una vertiente política, conocido en Cataluña como la Renaixença (Bases de Manresa, 1892). El periódico de los nacionalistas catalanes era La Veu de Catalunya (La voz de Cataluña), fundado en 1899 por Joaquim Cabot. La burguesía catalana se expresa contra el gobierno
central de Madrid a través de La Veu de Catalunya y la Lliga Regionalista porque
consideran que el Estado español no es suficientemente eficiente. Sucede lo mismo en el País Vasco, ya que a finales del siglo XIX aparece el Partido Nacionalista Vasco (PNV), con Sabino Arana como líder, quien fundó el primer periódico nacionalista vasco, conocido como Bizkaitarra. Las élites de Bilbao y Barcelona se sienten desvinculadas del proyecto nacional español. El tercer problema es la cuestión colonial, con la Guerra de Cuba (1895-1898) como gran protagonista y la pérdida del estatus imperial de España a causa de las independencias de sus colonias.
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