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10. El periodismo durante el exilio

El 1 de abril de 1939, con el famoso parte de guerra de RNE, se da por terminada la
Guerra Civil, que dura casi tres años, y también acaba el mejor ciclo de la historia
del periodismo español, una etapa en la que habían coincidido en apenas tres
décadas tres grandes generaciones intelectuales de la historia de España
(Generación del 98, Generación del 14 y Generación del 27). 

En 1938 el régimen franquista había suspendido todas las leyes de prensa que se habían implantado
desde las Cortes de Cádiz en 1810 por la Ley Serrano Suñer. La mayoría de los
periodistas habían formado parte del mundo republicano. Haber sido periodista en Madrid o Barcelona en la década de 1930 era prácticamente equivalente a haber sido republicano. De hecho, el periodismo fue una profesión a extinguir por considerarse de masones y comunistas. 

En 1939 comenzó a aplicarse la Ley de Responsabilidades Políticas, una depuración de aquellos que habían traicionado a la patria. La mayoría de los periodistas solamente tenían dos opciones: el exilio o el fusilamiento. Comenzaba así el exilio de una gran parte de periodistas españoles. Los periodistas exiliados se agarraban a la idea de que sus ideas seguirían vivas, a pesar de haber perdido la guerra. Los republicanos pensaban que las palabras eran el mayor instrumento para cambiar la sociedad. El gran exilio se produjo a comienzo de 1939 tras la caída de Cataluña, de casi 500.000 mil personas, a través de los Pirineos. Dentro de esta hornada de personas exiliadas se encontraban miles de intelectuales que emigraron al sur de Francia para no sufrir la represión del gobierno franquista.

Seis meses después del final de la Guerra Civil, comenzaba la II Guerra Mundial.
Los republicanos también consideraron que debían defender sus ideas en la II
Guerra Mundial para acabar con el fascismo y el nazismo, por lo tanto es una etapa de gran militancia política. Al comenzar la guerra, los exiliados tuvieron una nueva disyuntiva, ya que debían elegir entre un nuevo exilio hacia América o formar parte de la Resistencia. Francia ya había quedado dividida y cayó en manos de los nazis en mayo de 1940. Una parte muy importante se marchó a América, sobre todo a México, pero los demás se quedaron. A pesar de estas circunstancias, los republicanos continuaban teniendo pasión periodística con la idea de que el periodismo era un motor de cambio social y transformación política. En los campos de concentración, los republicanos hicieron periódicos, incluso los que se marcharon hacia América en los barcos del exilio. En 1940 en la embajada de Chile en Madrid se refugió un grupo de periodistas que no pudieron salir, y también allí los republicanos decidieron fundar periódicos como el semanario Luna o la revista
El Cometa.

El primer lugar de acogida para los exiliados fue Francia, pero pocos meses
después del final de la Guerra Civil comienza la II Guerra Mundial, así que los
intelectuales y los periodistas tienen que marcharse a América. Sin embargo, los
gobiernos americanos tenían cierto recelo a aceptar el exilio republicano. Algo que
no pasa en México, donde en ese momento existe un gobierno progresista con el general Lázaro Cárdenas al frente. Cárdenas decidió favorecer la llegada de
exiliados a México y, de hecho, se considera que esta medida es un punto de
inflexión para su historia cultural, intelectual y científica. Se calcula que llegaron unos 30.000 republicanos como Luis Buñuel o Eulalio Ferrer. Los republicanos españoles hicieron un periodismo cultural y literario en México. El periodismo del exilio tiene dos variantes: el periodismo político y de partido y el periodismo literario y cultural. El periodismo político y de partido estuvo en Francia, sobre todo en ciudades como París y Toulouse; el periodismo literario y cultural estuvo en América, sobre todo en Ciudad de México y Buenos Aires. Debido al desarrollo de la II Guerra Mundial, la prensa política y de partido no pudo retomar su normalidad hasta 1944 después de la liberación de París. Sin embargo, el periodismo cultural y literario se produjo de inmediato. Nada más llegar a México, los exiliados comienzan a fundar revistas, para mantener el espíritu intelectual de las primeras tres décadas del siglo XX. La primera gran revista del exilio se llamó España Peregrina y fue editada en México por José Bergamín. Los exiliados encuentran una gran acogida en México, especialmente en las editoriales y en los periódicos. Los exiliados tienen que elegir entre integrarse en la cultura de acogida o mantener su identidad. Aparecieron muchas más revistas culturales del exilio, como Romance, Taller o Las Españas, más adelante Diálogo de Las Españas, la más duradera de todas ellas. Las publicaciones de los republicanos solamente excluían
a los comunistas, que tenían su propio sistema de publicaciones. En Buenos Aires, La Habana, Santo Domingo o Santiago de Chile existieron diversas publicaciones, pero el verdadero auge se dio en México. En estas publicaciones republicanas también escribían intelectuales americanos, como Octavio Paz o Pablo Neruda.

El periodismo político y de partido se dio en Francia gracias a la cercanía, ya que el
activismo político se mantuvo en la capital parisina. Después de la liberación de la
ocupación nazi, comienza una nueva etapa de las grandes publicaciones políticas. La más importante publicación política del exilio fue el periódico oficial del PSOE, El Socialista, que se publicó en el exilio entre 1944 y 1977, como semanario. La redacción estaba en Toulouse, la administración en París y la imprenta en Marsella. La revista Mundo Obrero, el órgano oficial del PCE, tiene una historia similar a El Socialista, también editada en Toulouse y París, al igual que los periódicos anarquistas como CNT y Solidaridad Obrera. El periódico más representativo del exilio republicano en Francia se llamaba L’Espagne Républicaine. Acabada la II Guerra Mundial, los republicanos piensan que la victoria de las democracias es
también la victoria de la República española. El 8 de agosto de 1945 tiene lugar un acto solemne en el ayuntamiento de Ciudad de México, la reapertura de las Cortes de la República española y la constitución de gobierno de la República en el exilio. Se constituye un gobierno que se llama “el gobierno de la esperanza” porque existe la convicción entre los republicanos de que habrá una intervención contra Franco para recuperar la República. Al principio, después de la II Guerra Mundial, parece que va a suceder. Se constituye la ONU, que condena el régimen de Franco y lo considera ilegítimo, y los embajadores se retiran de España. En 1947 incluso los monárquicos y los republicanos en el exilio están de acuerdo para acordar un referéndum en España, titulado por la ONU, sobre la forma de gobierno, conocido como el “Plan Prieto”, por Indalecio Prieto, líder del PSOE. La idea parece buena, pero existe un problema de fondo, la Guerra Fría. Cuando todo parece óptimo para el derrocamiento del dictador, Estados Unidos y la URSS se enzarzan en su propia guerra de espionaje y el mundo está al borde de la guerra otra vez. Europa queda rota en dos por un “telón de acero” debido al bloqueo de Berlín. Los países anglosajones, Estados Unidos e Inglaterra, piensan que Franco puede ser un buen aliado para evitar el avance del comunismo por el sur de Europa. El mundo se queda dividido en dos bloques: el bloque occidental (o capitalista) y el bloque oriental (o comunista). Franco, lógicamente, se une al bloque capitalista y el estallido de la Guerra Fría salva al régimen de Franco. Como consecuencia de la Guerra Fría, los periódicos anarquistas y comunistas son expulsados de Francia y tienen que marcharse a Bucarest y/o Moscú para publicarse. L’Espagne Républicaine cierra en 1949, el mismo año en el que el régimen de Franco se consolida, y las esperanzas republicanas se desvanecen. La prensa política pierde impulso, aunque la idea republicana se mantiene viva en publicaciones culturales y literarias. Se toma conciencia de que el horizonte del final del franquismo no es inminente. La publicación más importante es El Socialista, que incluso comienza a tener cierta difusión clandestina en el interior de España a través de la UGT.

La otra vía de comunicación para los exiliados era la radio. El gobierno de la
República en el exilio llegó a tener un Ministerio de Información. Este ministerio
tuvo incluso una emisora de radio que solamente duró unos meses, Radio
República Española. El PCE tuvo su propia emisora de radio, llamada Radio España
Independiente, y tuvo relativo éxito. Esta emisora de radio del PCE comenzó su
historia en Moscú en 1941 y a partir de 1954 comenzó a emitir desde Bucarest.
Como el lugar de emisión era secreto, la gente comenzó a llamar a la emisora La
Pirenaica. Tuvo bastante audiencia en el interior de España, sobre todo en los
barrios obreros. La idea de Radio España Independiente era dar las noticias que no
daban a conocer los medios de comunicación franquistas. Además de medios de comunicación, también había periodistas profesionales. La profesión periodística se considera el principal medio de vida de los exiliados, ya fuera en Francia, México o Estados Unidos. El periodismo se convierte en el primer medio de vida para los exiliados, ya que no hacía falta un reconocimiento de título. De este modo, el periodismo se convirtió en una de las primeras salidas profesionales para la élite intelectual republicana. La relación de periodistas del exilio era interminable, ya que fue el principal medio de vida junto con la docencia universitaria. Otra faceta que llevaron a cabo tanto en Francia como en Iberoamérica fue la creación de editoriales para la publicación de periódicos y revistas. A partir de 1956, comenzó a establecerse una cierta comunicación con el interior de España, ya que aparece la primera generación intelectual disidente del franquismo, también llamados falangistas “liberales” o falangistas disidentes. Empieza a haber colaboración entre esta generación y los republicanos exiliados. En 1962 se constituye la organización intelectual más importante contra el franquismo en el IV Congreso del Movimiento Europeo y se organiza oficialmente el antifranquismo. Los periódicos afines a Franco, ABC y Arriba, para desprestigiar esta reunión, lo llamaron el “Contubernio de Múnich”. En esta reunión se concentraron los monárquicos, los socialistas, los
anarquistas y los republicanos. Todos menos los comunistas.

En la década de 1960 la publicación del exilio más importante se llama Cuadernos
de Ruedo Ibérico. Es una publicación que está hecha por exiliados de segunda
generación, es la prueba de que todavía se mantiene la resistencia antifranquista.
Esta revista tuvo un gran éxito y fue fundada por anarquistas y socialistas, que
tenían en común el anticomunismo. Además, gracias a su idea anticomunista
también contaba con financiación de Estados Unidos, con lo cual tenía suficiente dinero para lanzar una editorial en París. Cuadernos de Ruedo Ibérico fue el núcleo más importante de los años 60 del antifranquismo, ya que comenzó a publicar libros de historia que daban una versión diferente de la Guerra Civil. En 1962 la editorial Ruedo Ibérico publicó un libro llamado Los mitos de la Cruzada de Franco, que consiguió internarse en España y fue un gran éxito de ventas, un libro que hizo un gran daño a toda la propaganda de Franco. Este libro se dedicaba a desmontar, punto por punto, la versión que el régimen franquista había dado de la Guerra Civil y el golpe de Estado. Fue tal el éxito de la revista, la editorial y el libro que el régimen de Franco se vio obligado a reaccionar, así que ordenó a Ricardo de la Cierva que escribiera libros de la Guerra Civil para frenar el éxito de la propaganda de los Cuadernos de Ruedo Ibérico.

Después del “Contubernio de Múnich” y Cuadernos de Ruedo Ibérico, Franco tuvo
que reaccionar para no quedarse aislado. El propio régimen de Franco se ve
obligado a actualizar su propia ley de prensa para ser aceptado por la comunidad
internacional, así que deroga la Ley Serrano Suñer y crea la Ley Fraga. En 1966 el redactor jefe de ABC, Luis María Ansón, escribió un artículo llamando a la
reconciliación con los exiliados en torno a la monarquía. Este artículo provocó la
suspensión del ABC y la publicación fue secuestrada por orden gubernativa. Ese
mismo año el ABC comenzó a publicar un suplemento dominical en el que
colaboraban exiliados como Salvador de Madariaga o Gregorio Marañón. En el
horizonte se empieza a vislumbrar un cambio, así que se da un viaje de ida y vuelta entre el exilio y el interior. Además, en 1969 se permite que los exiliados vuelvan a España. Sin embargo, España había cambiado. El espíritu de los exiliados ya no existía en esa nueva España, que estaba fuertemente influida por el consumismo. España se ha construido sin los ideales de los exiliados y el espíritu de la II República ha
desaparecido. El desarrollo económico ha creado una sociología diferente, un país
de clases medias, con otras preocupaciones. La labor del exilio, en todo caso, merece reconocimiento. En 1975, tras la muerte de Franco, comienza una nueva etapa de la historia de España y en ella no se tuvo en cuenta inicialmente el exilio. En 1980 se empezó a crear una nueva España, basada en los ideales de la
Generación del 14. Estas ideas siguen vivas mientras existen periódicos y revistas.

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