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12. La etapa desarrollista del régimen franquista

Tanto la década de 1960 como la primera mitad de 1970 es una etapa muy interesante desde el punto de vista periodístico en España. A pesar de que en este periodo de tiempo, se producirá un cambio social, el periodismo no es la vanguardia de éste, sino solo un reflejo. Este cambio social será producido por la economía gracias a la confluencia de dos elementos: la economía de mercado y la dictadura política. Debido al crecimiento económico de la época, tendrá lugar una etapa de desarrollismo dentro del régimen franquista. Será en esta época, también, cuando se producirá el nacimiento de las clases medias.

A partir del 1959, el régimen franquista se divide en dos debido al Plan de Estabilización de los tecnócratas, puesto que, la economía española se convierte en una economía de mercado. Este plan consistió en un conjunto de medidas económicas aprobado por el gobierno español, y cuyo objetivo se basaba en la estabilización y liberalización de la economía española. Además, supuso la ruptura con la autarquía del franquismo, y así dio comienzo a un periodo de tiempo de crecimiento económico en el país durante los años posteriores.

En los años 60 se crea una nueva sociedad, una sociedad de clases medias, por primera vez en la historia de España. La clase media equivalía a la pequeña burguesía, y era todo aquel que tenía unos recursos e ingresos estables dentro de lo que cabía. Sin embargo, en España existía un problema bastante grave desde las Cortes de Cádiz, que era el abismo de injusticia y desigualdad que existía entre las distintas clases sociales. Por lo tanto, aunque la clase media surge a partir del crecimiento económico que se dio en ese momento, no tenía ni derechos ni libertades.

Por otro lado, la gran aliada para el impulso del desarrollismo será, ni más ni menos, que la televisión. Desde los años 60, el régimen franquista apostará por la televisión como la mejor manera de desmovilizar a la gente, utilizando el sistema capitalista de consumo. Por su parte, la Iglesia deberá modernizarse completamente para poder seguir conectando con la sociedad moderna. Por este mismo motivo, se convoca el Concilio Vaticano II, cuyos objetivos principales eran promover el desarrollo de la fe católica, conseguir una renovación moral de la vida cristiana de los fieles, adapar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de la modernidad y lograr una mejor interrelación con las demás religiones, especialmente, con las orientales.

Respecto a la prensa, España, al solicitar formalmente su ingreso en la CEE en el año 1962 debido a que quería ser aceptada en el bloque occidental, no podía tener una ley de prensa inspirada en las de otros dictadores como Hitler o Mussolini. Por lo tanto, Franco nombrará ministro de Información a Manuel Fraga, miembro del sector más aperturista del régimen. Al llegar al ministerio, decide crear una ley de prensa de acuerdo con el movimiento social vivido, pero no tendría mucho éxito, ya que esta ley de prensa finalizará cuatro años después del nombramiento de Fraga como ministro, por la confrontación que había entre aquellos que deseaban mantenerla esencia del Movimiento Nacional y los que querían abrirse a la nueva sociedad.

De hecho, algunos de los síntomas del reconocimiento de la nueva sociedad fueron el surgimiento del Contubernio de Múnich en 1962, llamado así por la prensa franquista, donde se reunieron todos los antifranquistas, además de la posterior creación del Instituto de la Opinión Pública en 1964. Esta modernización social causa el crecimiento de todas las ciudades, y ésto se empieza a reflejar en los medios de comunicación, aunque sin llegar a ser los líderes del cambio. La nueva sociedad que se formó, estuvo caracterizada por la aparición de muchas revistas, especialmente, las pioneras y las de vanguardia, y no en los periódicos como había sucedido en los cambios sociales anteriores. Algo típico en los años 60, fue que las publicaciones de vanguardia usaran ciertos recursos para esquivar la censura, como el cine o la política internacional. Además, la autocensura afectaba principalmente a la política nacional, pues había más permisividad en cuestiones locales e internacionales. 

Las dos revistas más importantes de este tiempo fueron Triunfo y Cuadernos para el diálogo, las cuales, fueron muy necesarias para poder comprender este nuevo cambio social. La revista Triunfo fue creada en 1946 por José Ángel Ezcurra, y aunque al principio se trataba de un semanario dedicado al cine, el director decidió convertirla en una revista generalista que seguía el modelo de la revista francesa Paris Match, la revista referente de Europa en esos momentos. Esta revista consiguió un gran socio capitalista, Movierecord, una empresa de publicidad cinematográfica, y así pone en marcha una gran una gran revista europea, moderna y avanzada, que contaría con grandes reportajes y estaría disponible en color. La revista Triunfo era exponente de las nuevas clases medias urbanas que deseaban cambios, y bajo la apariencias de una revista desenfadada, poco a poco va introduciendo mensajes y reivindicaciones solapadamente. Por ejemplo, uno de los periodistas más conocidos de la revista, Luis Carandell, tenía una sección Celtiberia Show, dedicada al lanzamiento de mensajes con un tono de humor en contra del régimen franquista.

En cambio, en 1963, se funda la revista que trae vientos de cambio, Cuadernos para el diálogo. Sus fundadores fueron el exministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez, y el periodista Pedro Altares, con gran cercanía a la izquierda cristiana. Esta revista se caracterizó por ser universitaria y muy intelectual, de ensayo, sociología, ciencia política, etc. Cuadernos
para el diálogo se trataba de una plataforma de la democracia cristiana y socialistas cristianos como Gregorio Peces Barba o Enrique Tierno Galván. El alcance de esta revista era más bien elitista, mientras que la revista Triunfo disfrutó de una gran tirada. 

Cuadernos de Ruedo Ibérico y Cuadernos para el diálogo, una revista en París y la otra en Madrid, tuvieron numerosas similitudes entre las dos. De hecho, en 1964Cuadernos para el diálogo funda una editorial llamada igual, a pesar de que se la conoció mejor como EDICUSA, al igual que había hecho anteriormente la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico. La
importancia de Cuadernos para el diálogo en el cambio de sociedad fue bastante alta, ya que, se llegó a convertir en una cantera de élites políticas. Estas dos revistas serían las más destacables en la época previa a la Transición Española, así como, en esa misma etapa, aunque, finalmente, desaparecerían a la par que la Transición.

En marzo de 1966 se crea, a pesar de las dificultades en ser aprobada, una nueva ley de prensa, la cual, fue denominada como la Ley Fraga. Básicamente, esta ley se encargó de devolver a las empresas periodísticas la capacidad para nombrar a sus directores e introducir la libertad empresarial para la iniciativa privada. Con ella, también se da por terminada la censura previa, pero comienza una censura represiva que acabó con muchos cierres de periódicos, secuestros de publicaciones y las sanciones correspondientes. Dos de las revistas más sancionadas, de hecho, fueron Triunfo y Cuadernos para el diálogo, sobre todo ésta última.

En este mismo año, habrá nuevas publicaciones gracias a la nueva ley de prensa, y algunos empresarios se animarán a meterse de lleno en el mundo del periodismo. Un grupo de periodistas y
empresarios cercanos al Opus Dei y a la monarquía, los tecnócratas, lanzan otra vez el diario Madrid. Además, aprovechando la Ley Fraga se crea una empresa llamada FACES o Fomento de Actividades Culturales, Económicas y Sociales, que se encargaba de la edición del diario Madrid, y la cual, fue fundada por Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán, dos catedráticos del Opus Dei, quienes además comprarían el diario Madrid, liderando así una etapa gloriosa para el periódico.

El diario Madrid tiene una nueva línea editorial. De hecho, es el primer periódico que reclama un cambio político en España. Fontán y Calvo Serer reclamaban
constantemente en los editoriales de Madrid que el europeísmo y la democracia
llegasen a España y pensaban que el cambio político era inevitable. Después de un editorial en el que Calvo Serer habla de la Revolución de mayo del 68 en París, el
diario Madrid fue cerrado durante cuatro meses y se le sancionó con 250.000
pesetas porque se supuso que en el editorial había comparado la situación
española con la francesa. El 30 de septiembre de 1968, después de la sanción, el diario Madrid volvió a seguir escribiendo para la llegada de la democracia en España. El 25 de noviembre de 1968 fue cerrado para siempre por orden del Ministerio de Información y se convirtió en un símbolo de la lucha de la dictadura contra la libertad de prensa.

La década de 1960 concluye con una explosión social debido a la aparición de ETA y a las huelgas obreras o las protestas universitarias. El régimen franquista responsabilizó a Luis Carrero Blanco de estas protestas sociales, puesto que, Franco se encontraba ya desde entonces muy débil. Por su parte, Carrero Blanco, que había sido nombrado jefe de Gobierno por Franco, en vez de asumir la culpa, lo que hace es responsabilizar a Fraga y a su ley de prensa. Por ello, Fraga es culpado de la crisis social con la que acabaría la década de 1960 y cesado de su cargo en octubre de 1969.

En ese mismo año, Franco nombró heredero a Juan Carlos de Borbón para ser el próximo jefe de Estado tras su muerte. A partir de ese momento, la gente ya se estaba dando cuenta del frágil estado en el que se encontraba Franco, y así se da comienzo a una etapa conocida como tardofranquismo

Sin
embargo, la sociedad que en ese momento impera en España es una sociedad despolitizada. No obstante, en las grandes ciudades hay una pequeña élite que quiere el cambio. Por ejemplo, un grupo de dieciséis empresarios fundan en
noviembre de 1971 una revista llamada Cambio 16, con Juan Tomás de Salas como propietario, que tuvo un éxito muy importante en esta etapa tardofranquista. Con la inminente muerte de Franco, todos los medios españoles se tienen que
posicionar y decidir si están a favor o en contra de la continuidad o la transición
hacia la democracia. Los que lideran el proceso son los que apuestan por la
Transición, sobre todo el periódico Ya, que tiene en su redacción un conjunto de
intelectuales, conocidos como el Grupo Tácito, que más tarde fundan la UCD de
Adolfo Suárez. El diario Ya apuesta por la Transición desde una posición  democristiana, mientras que el ABC tiene una actitud muy extraña porque, por un
lado, había defendido la vuelta de la monarquía, y a la hora de verdad, decidió
unirse al grupo de los continuistas (o reaccionarios). De hecho, el 20 de mayo de 1975, Luis María Ansón, director del ABC, escribe un editorial llamado Cobardía
moral en el que arremete contra aquellos que dan de lado a Franco. Aprovechando la Ley Fraga, en 1972 aparece una nueva empresa periodística, PRISA, con el
propio Manuel Fraga como uno de sus grandes impulsores. Esta empresa
periodística quiere lanzar un diario nuevo, pero tarda más de cuatro años en salir a
la calle, ya que El País no aparece hasta después de la muerte de Franco. El líder
intelectual de PRISA es uno de los hijos de Ortega y Gasset, José Ortega Spottorno.
Esta empresa quiere recuperar el periódico El Sol y recuperar los ideales
europeístas y científicos de la Generación de 1914, así como ser un periódico
independiente y liberal. De hecho, El País está representado por la élite liberal del
franquismo, con personajes como Salvador de Madariaga o Gregorio Marañón. El primer director que se quería para El País era Miguel Delibes, pero el vallisoletano se negó a hacerlo porque ya estaba cansado de Madrid. Así pues, eligieron a Juan Luis Cebrián, que ya había estado en el diario Arriba y en Informaciones, como director.

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