La monarquía española del siglo XVIII era absolutista, y en esa época, se caracterizaba especialmente por apropiarse de la imprenta y también por delegar el control de los contenidos en la Iglesia. Además, a principios de este siglo, tuvo lugar la Guerra de Sucesión, una guerra civil de escala nacional e internacional que empieza en 1701, el año en el que el rey Carlos II fallece sin descendencia, y concluye en 1713, que es aproximadamente cuando España deja de verse como una gran potencia mundial. A lo largo de esta guerra, se formaron dos bandos: aquellos que eran partidarios de una monarquía unitaria y centralizada, es decir, los que apoyaban como candidato al trono a Felipe de Anjou (Borbón); y por otro lado, aquellos que estaban a favor de una monarquía federal o los que apoyaban al archiduque Carlos de Habsburgo.
En el ámbito nacional, la mayoría de los simpatizantes del sistema federal se encontraban en Cataluña, y por otro lado, la mayoría de los simpatizantes del sistema unitario estaban en Castilla, aunque en ambos casos hablamos de las élites (alta nobleza, alta burguesía). Este conflicto se volvió también internacional, puesto que las grandes potencias europeas tenían miedo a una posible unión dinástica entre Francia y España, y por ello, muchas de ellas como los Países Bajos y Gran Bretaña, apoyaban al archiduque Carlos de Austria en sus pretensiones al trono español. Francia, por su parte, apoyó al candidato borbón, Felipe de Anjou, sobrino del rey Luis XIV.
La Guerra de Sucesión finalizó con Felipe VI ocupando Barcelona el 11 de septiembre de 1714, y en el aspecto internacional, acabó con la firma del tratado de Utrecht. Después de que acabara la guerra, el nuevo monarca creó los Decretos de Nueva Planta, que permitieron reconstruir y reorganizar España en un Estado unitario y centralista al estilo francés, y con el que se acaban las divisiones fiscales, lingüísticas y políticas, dando paso a una estructura similar a la que en en siglo XIX se conoció como Estado liberal.
Durante este periodo de guerra, no existió ningún tipo de periodismo o prensa, en cambio, la propaganda obtuvo todo el protagonismo. Este concepto apareció por primera vez en Europa a lo largo de las guerras de religión que tuvieron lugar en los siglos XVI y XVII, justo cuando se firmó el Concilio de Trento, cuyos objetivos eran definir la doctrina católica y disciplinar a sus miembros condenando la Reforma, considerada por la Santa Sede como una herejía. En cambio, el concepto actual de propaganda ha cambiado significativamente en la actualidad, y surgió a partir de la II Guerra Mundial. Ahora, se trata de una planificación científica y sistemática de un modelo de comunicación orientado a unos determinados objetivos políticos y/o económicos.
En ese entonces, en España existían dos tipos de prensa: la prensa oficial y la prensa oficiosa. Por un lado, la prensa oficial era aquella que se realizaba por la propia iniciativa de la monarquía y las correspondientes autoridades, contando con su apoyo; por otro lado, la prensa oficiosa, aunque también estaba totalmente por la monarquía, el rey no solía estar detrás de ella como sí ocurría en la oficial. Tras coronarse Felipe V como rey de España, decidió, en lo que respecta a la prensa, que la Gaceta de Madrid fuera el periódico oficial del Estado.
En el tramo final del reinado de Felipe V, tiene lugar el primer acontecimiento estrictamente periodístico relevante para este período. Aparecen otro tipo de publicaciones como el Mercurio Histórico y Político, que se trataba de una imitación del Mercure de France. La monarquía, al fin, se considera lo suficientemente consistente como para tener un periódico también de contenido e interés sociales, al igual que ocurría en Francia. El Mercurio de España también fue un periódico de inspiración cortesana, un periódico oficial.
A pesar de que el reinado de Felipe V significó la llegada del despotismo ilustrado a España, se considera que el verdadero impulsor de la ilustración católica española fue Carlos III, ya que estaba convencido de que que había que usar el poder político en favor del pueblo con mejoras sociales, culturales y científicas. Como rey, Carlos III fue un reformista integral y se encargó de modernizar la capital española, cuestionándose todo, a excepción del origen divino del poder de los monarcas.
Carlos III se propuso hacer un
cambio profundo de las costumbres españolas y consideró que los periódicos iban a ser los aliados en la vía de las reformas. Los ilustrados también consideraban que los periódicos eran herramientas imprescindibles de educación política y tenían enmente dos categorías de educación: instrucción (enseñar conocimientos aplicados, enseñar oficios, técnicas...) y educación (la suma de la instrucción y la cultura general en sentido político). Sin embargo, las ideas reformistas del monarca chocaron con la mentalidad tradicional de las élites políticas españolas y tuvo muchos problemas para implantarlas.
Durante el comienzo del reinado de Carlos III, surge el primer periódico de iniciativa privada, el Diario Noticioso. Fue el primer diario, ya que, El Mercurio y La Gaceta eran semanales o quincenales, y recogía noticias de interés para la burguesía, acentuando en la información más útil. Detrás de él, estaba detrás Francisco Mariano Nipho, considerado el primer periodista profesional de la historia de España. Nipho aprovechó el cambio dinástico para implantar el primer periódico pertenecientes a la prensa noticieros o informativa y que respondía a los intereses de la burguesía y no a los de la monarquía o la nobleza.
Asimismo, en la década de 1760 aparecía el primer periódico en el que estaba detrás Carlos III, El Pensador, del que se encargaba un colaborador del rey, José Clavijo y Fajardo. El Pensador se ocupaba de criticar los defectos de la sociedad española de la época, y aunque se sospechaba que el rey era favorable al periódico, no se sabía a ciencia cierta, por lo que se trataba de un periódico de prensa oficiosa. Algunos de los temas que se encargó de criticar este periódico fueron la sociedad estamental, el viejo orden del Antiguo Régimen, las supersticiones, el fanatismo
religioso, la falta de higiene, el analfabetismo, etc.
En marzo de 1766, se produce el Motín de Esquilache, un suceso que marcó un antes y después en el reinado de Carlos III porque se da cuenta de que las reformas que quería implantas iban a ser muy complicadas de llevar a cabo. Por ello, hasta la década de 1780 no aparece el gran periódico de Carlos III, puesto que en la década anterior tuvo lugar una parálisis reformista por tener que reconstruir la mayoría de las ideas que tenía pensadas el monarca. Cabe destacar que, el rey no se consideraba un monarca un absoluto, sino ilustrado, y creía que el pueblo no estaba al alcance de todas las mejoras científicas que se estaban dando en su época.
El periódico del rey se llamaba El Censor, y sus editores fueron Luis María García del Cañuelo y Heredia y Luis Marcelino Pereira y Castrigo, grandes admiradores del periodismo británico. Tanto que sus modelos a seguir fueron Joseph Addison y Richard Steele, dos escritores británicos que lanzaron en 1711 el periódico llamado The Spectator. Así, El Censor logra insentase en los semanarios ensayísticos y morales de la época.
La idea más importante en el ámbito
periodístico de la época de Carlos III es la crítica con límites que permitía el
monarca a los periódicos, con El Censor y El Pensador como los grandes exponentes
de la Ilustración católica española. Estos periódicos podían realizar diferentes
críticas, pero no tenían permitido cuestionar la política real ni el derecho divino dela monarquía ni la alianza entre el poder político y el poder religioso. Los temas favoritos de estas publicaciones eran la necesidad de educación, la necesidad de que España saliese de su aislamiento científico e intelectual, la necesidad de la agricultura, la necesidad de reformas, entre otras cosas. Además, el gran enemigo de ambos periódicos
era el propio Índice de Libros Prohibidos, puesto que eran proclives a criticar a la Inquisición, a los reaccionarios, el fanatismo religioso, las supersticiones, la incultura, la barbarie, la crueldad, etc. Por otro lado, no existían disidencias ni se toleraban las diferencias con el rey, aunque tanto las publicaciones de El Censor como de El Pensador fueron posibles gracias al apoyo indirecto de Carlos III, aunque este no aparecía por ningún lado. El Censor se ve obligado a cerrar tras la muerte de Carlos III en 1788, quien era su mayor apoyo. Tras la muerte del rey, este diario noticioso cambia de nombre a El Diario de Madrid y se convierte en un periódico oficial.
El periodismo de la época era muy personalista y dejaba poco impacto, ya que se vinculaba a grandes figuras de la corte; lo que se comentaba y opinaba provenía únicamente de las élites. Asimismo, el número de lectores de periódicos era de aproximadamente miles y se concentraban en Madrid, donde también estaba concentrado todo lo que estaba realcionado con la imprenta y con la edición de libros, al lado de la corte, y Barcelona, Valencia y Sevilla, por el contacto comercial. También, existía una gran cantidad de campesinos analfabetos que vivían en el mundo rural y, por otra parte, unas pequeñas élites urbanas, que eran los que sabían leer.
Con la muerte de Carlos III, se acaba el impulso periodístico en España. Carlos IV ocupa el trono en su lugar, y lo cierto, es que, no era un hombre intelectual ni tampoco era muy aficionado a la política (reina con un sistema de validos) o al propio periodismo. En la época de Carlos IV, la denominada Revolución Francesa significó miedo y pánico, por lo que en España hubo que cerrar las fronteras para que no llegasen las ideas francesas de igualdad y derechos y fortalecer la censura, cerrando todos los periódicos excepto los oficiales. Los únicos periódicos que no se cierran fueron El Diario de Madrid y La Gaceta de Madrid por ser los únicos diarios oficiales.
Tras finalizar la Revolución Francesa, durante los próximos veinte años no volverían los periódicos. Lo único relacionado con el periodismo fue que Manuel Godoy, el válido de Carlos IV, quiso recuperar lo mejor de la Ilustración y lanzar alguna publicación literaria, cultural o económica. Solamente se permitían publicaciones literarias, culturales o económicas debido a la censura que se impuso en la época, y de hecho, la publicación más interesante fue el Semanario de agricultura y artes dirigido a los párrocos.
Durante la transición entre los siglos XVII y XVIII, destacan las guerras napoleónicas y el posicionamiento respecto a Napoleón. Inicialmente, fue la España de Carlos IV la que declaró la guerra a la Francia de Napoleón Bonaparte, pero más pronto que tarde se vuelve a la política de los tratados de familia, por lo que Napoleón consigue volver a tener a España como un Estado dominado política e ideológicamente por su país. No será hasta el año 1808, cuando tenga lugar la invasión de España por parte del emperador francés, y con ella, llegará el reformismo francés revolucionario al país.
A raíz de esta invasión, se produce el alzamiento del pueblo español y se desatará la Guerra de la Independencia (1808-1814) entre españoles y franceses, la cual va a durar seis años, hasta que el hermano de Napoleón, José Bonaparte, se convierta en el nuevo rey de España.Para la historia del periodismo español, la Guerra de la Independencia fue el equivalente a la Revolución Francesa o a la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Es el momento en el que acaba el Antiguo Régimen y comienza la historia contemporánea de España.
Esta guerra ocasionó grandes consecuencias como el hundimiento de la monarquía absoluta y el final del Antiguo Régimen en España, la desaparición de la Inquisición que, con el hundimiento de la monarquía absoluta, deja un vacío de poder en España que será utilizado por las élites de la burguesía, etc. En el ámbito periodístico, el vacío de poder causará la
sustitución del sistema de gacetas por la aparición de un gran número de periódicos
después de una gran sequía periodística, al igual ocurrió en Francia tras el final de la Revolución Francesa. Durante los años de la Guerra de Independencia, la publicación más importante y más representativo fue el Semanario Patriótico, una revista fundada por Manuel José Quintana que surge en Madrid y que se vincula con la guerra. Tras la llegada de Napoleón a Madrid, el periódico se traslada a Sevilla, y luego, cuando el emperador francés llega a Sevilla el periódico se vuelve a trasladar, aunque esta vez a Cádiz.
BIBLIOGRAFÍA
- https://turismo.ayto-nuevobaztan.es/la-guerra-de-sucesion/
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