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3. La época napoleónica. La prensa liberal en el mundo contemporáneo

El siglo XIX inaugura en España su ciclo liberal, ya que todos los conflictos que
existen giran en torno a la aplicación de la libertad. Debido a la ausencia de los
poderes tradicionales (Inquisición y monarquía absoluta) después de la Guerra de Independencia, aparece de facto la libertad de imprenta. Estas ideas vienen a
través de la llegada de Napoleón a España, quien tenía la intención de invadirla. A
pesar de que finalmente no lo consigue, las ideas liberales del emperador francés
se quedan inmersas en ciertos sectores de la sociedad. En España el liberalismo va a adquirir un sentido político (separación de poderes, libertad de prensa, elecciones representativas, partidos políticos…), la doctrina filosófica liberal aplicada a la vida política. Los expertos piensan que en el siglo XIX se asistió al protagonismo de un nuevo elemento de la historia con la libertad de prensa, primero de facto y más tarde jurídica. El 10 de noviembre de 1810 tiene lugar, por primera vez, el reconocimiento jurídico y legal de la libertad de prensa en la historia de España, con el decreto de libertad de imprenta de las Cortes de Cádiz. Todos los españoles tienen el derecho de publicar e imprimir sus ideas políticas. Desde ese momento la prensa se convierte en un elemento fundamental de la sociedad contemporánea. De hecho, el siglo XIX ha sido llamado el siglo de la
prensa. La prensa se convierte así en un elemento clave para entender los cambios
sociales en una doble faceta, como agente de cambio y como exponente de ese
cambio. Los periódicos van a ser un elemento clave, junto con la burguesía, para la irrupción de los nacionalismos y su idea de nación. La idea de público y de nación que se crea en la prensa desde Madrid, París, Londres, Roma o Berlín va a ser clave para la consolidación del Estado
-nación del siglo XIX. De hecho, en el siglo XIX aparecen el Estado alemán o el Estado italiano. La nación se concibe como un
hecho político y no biológico, como creían los románticos.

Este proceso en España va a ser muy complejo. La burguesía, por primera vez en la historia de España, asume el control del país y en medio de la Guerra de
Independencia se reúne en Cádiz. Durante dos años (1810-1812) elaboran la
primera constitución de la historia de España, la Constitución de Cádiz, la Pepa, aprobada el 19 de marzo de 1812. En ella se recogen ideas francesas, como la
libertad de prensa o la soberanía nacional (o popular). En este debate político
aparecen esbozados, a modo de borrador, los primeros partidos políticos. En las
Cortes de Cádiz se dan cita distintos grupos sociales que defienden ideales
diferentes en cuanto al futuro de España.

1. Los absolutistas, partidarios de dejar las cosas tal como estaban con el Antiguo Régimen y la monarquía absoluta y, por lo tanto, enemigos de la Constitución y de los franceses.
2. Los afrancesados, que como su nombre indica, son partidarios de la influencia de Francia en todos los asuntos y son una minoría que quiere mantener la idea de la Ilustración y el despotismo ilustrado.
3. Los patriotas son los liberales, los partidarios de la libertad de prensa y el
derecho de voto; son nacionalistas, y partidarios de un Estado fuerte y liberal.

Los liberales se expresaban a través del periódico más importante de la época, el
Semanario Patriótico, que se publicaba en Madrid, Sevilla y Cádiz. Fue el fiel reflejo
de la Guerra de Independencia y uno de los grandes protagonistas de las vicisitudes políticas de esta etapa histórica. El Semanario Patriótico dejó de
publicarse el día que se promulgó la Constitución de Cádiz, ya que consideraban que había cumplido su cometido con dicha promulgación. Es el periódico fundamental para entender los debates políticos de la época. El impulsor del Semanario Patriótico fue José Manuel Quintana, poeta español de la Ilustración y
una de las figuras más importantes en la etapa de transición al Romanticismo. La
situación de guerra provocó que no hubiese una producción periodística
normalizada y que no llegasen los efectos de la Revolución Industrial a España, ya
que en Inglaterra ya se notaban estos cambios desde mediados del siglo XVIII. La capital española de la imprenta fue Cádiz, una ciudad próspera, comercial, volcada hacia las colonias y allí se había concentrado toda la élite burguesa del país para hacer la Constitución. En ese momento aparecieron en Cádiz importantes publicaciones, aprovechando también el decreto de libertad de prensa. El periódico más leído se llamaba El Conciso, muy criticado por sus enemigos porque se dedicaba a copiar noticias de diferentes publicaciones y tenía fama de ser plagiador y muy escueto en ellas. Otro periódico importante de la época fue El
redactor general que, además era el gran rival de El Conciso. Los periódicos que aparecieron en Cádiz están asociados a los grupos políticos que se dieron en las
Cortes de Cádiz.

El principal debate político que había en la prensa era el derecho de voto y la
libertad de prensa, quién puede votar y quiénes son considerados ciudadanos…
Los absolutistas defendían que nadie tenía el derecho de votar, ya que para eso
estaba el rey. Los afrancesados consideraban que solamente debía votar una élite ilustrada. Los patriotas liberales, que eran la gran mayoría, se dividieron en dos mitades. Los progresistas eran reformistas y partidarios de que pudieran votar todos los varones que tuvieran cierto nivel de instrucción, que supieran leer y
escribir. Por otra parte estaban los moderados, que pensaban que para poder votar los ciudadanos habían de ser propietarios y tener unos determinados niveles de renta y unos determinados niveles de instrucción. Los progresistas consideraban que la prensa no debía tener límites ni ningún tipo de control, al contrario que los moderados que creían que la prensa debía estar controlada de alguna manera para marcar ciertos límites. En torno al debate político de las Cortes de Cádiz, aparecen los embriones de lo que van a ser los dos grandes grupos políticos y sociales de la historia de España, la burguesía conservadora y la burguesía progresista (moderados y exaltados). Los absolutistas y los católicos odiaban a la prensa y le
declararon la guerra. La Iglesia católica publicó bulas papales afirmando que el
liberalismo era totalmente contrario a los dogmas de la religión católica y que los
lectores de periódicos eran pecadores. En el siglo XIX había dos vías de educación
política: el púlpito, donde se daba sermón de la Iglesia, o el ateneo y el ágora, donde se leían los periódicos. En el mundo urbano la ideología llegaba por medio
de los periódicos y las diferentes publicaciones mientras que en el mundo agrario y rural la ideología llegaba a través de la Iglesia.

En 1814 acaba la Guerra de Independencia y los burgueses se dan cuenta de que
no tienen suficiente fuerza. En el debate político se van a imponer los partidarios
de la vuelta de la monarquía absoluta y el Antiguo Régimen. Terminada la guerra
vuelve a España la monarquía y el pueblo sale a la calle vitoreando el regreso del
absolutismo. El fin de la guerra trae de nuevo a un rey borbón, Fernando VII,
llamado por el pueblo el Deseado. Lo primero que hizo Fernando VII tras llegar al trono fue declarar nula la Constitución de Cádiz, abolir toda su obra y acabar con la libertad de prensa, cerrando todos los periódicos, excepto La Gaceta de Madrid.
También prometió jurar la Constitución, pero después de su llegada traicionó su
palabra y la quemó. Los liberales tienen que exiliar de España para no ir a la cárcel
y ser torturados, así que se marchan a París y Londres. Desde 1815 existía en
Londres un periódico español, El Español Constitucional, fundado por José María
Blanco White en la etapa del exilio. En Londres la mayoría de los liberales se hacen admiradores del sistema británico, del bicameralismo, el bipartidismo y el
moderantismo. Sin embargo, el liberalismo se había introducido en ciertos sectores
de la sociedad. En 1820 un sector del ejército hace un golpe de Estado y se levanta contra Fernando VII, con el general Riego como el gran precursor. El golpe de
Riego se produce en medio de las guerras de independencia de las colonias americanas contra España. Los liberales españoles se percatan de que si quieren
imponerse políticamente debe ser con la ayuda del ejército porque no pueden
contar con el pueblo, ya que está controlado por la Iglesia, el aparato más poderoso de España, mucho más que los periódicos. La opinión pública de la mayoría de la gente era controlada por la Iglesia sobre todo porque la educación estaba dominada por ella. En 1820 se da un paréntesis en el reinado de Fernando VII, llamado el Trienio Liberal. El golpe de Estado obliga al rey a recuperar la Constitución de Cádiz, que se va a mantener en vigor durante tres años. Lo primero que hacen los liberales tras hacerse con el poder es decretar la libertad de prensa, tal como había sucedido en medio de la Guerra de Independencia. Se dan tantas publicaciones que el debate político se convierte en un caos. Los liberales, ya
divididos en conservadores y progresistas, llegan al gobierno y no se ponen de
acuerdo para decidir quién llega al poder porque ninguno de los dos bandos confía
plenamente en la democracia y no se fía del pueblo. Los conservadores tenían
como portavoz al periódico El Censor, periódico fundado con dinero francés. Los progresistas, en cambio, tenían periódicos con nombres de guerra como El Zurriago o La Tercerola. Estos eran los periódicos más importantes de los dos
grupos políticos. En la esfera pública española se observa la imposibilidad de un debate político civilizado. Los gobiernos son muy inestables y duran pocos meses o semanas. Los absolutistas estaban encantados viendo a los liberales pelearse entre ellos mismos y se dedican a conspirar contra los gobiernos liberales. Finalmente los absolutistas consiguen que intervengan las grandes monarquías europeas (Austria, Rusia, Prusia e Inglaterra). En el Congreso de Verona de 1822 deciden reinstaurar el absolutismo con el envío de los Cien Mil Hijos de San Luis para invadir España y acabar con el Trienio Liberal. En estos tres años de gobierno liberal, cuando el bando conservador tenía el poder se producían restricciones a la libertad de prensa con tribunales de prensa, fianzas o depósitos previos de ejemplares. En cambio, cuando el gobierno estaba en manos del sector progresista, no existía ninguna traba a la libertad de prensa. Los conservadores consideraban que debía haber una justicia extraordinaria para la prensa, al contrario que los progresistas, que defendían una justicia ordinaria para ella.

La intervención militar de las grandes monarquías europeas acaba con el gobierno del Trienio Liberal en 1823. A partir de ese año y hasta 1833 se da una etapa llamada la Década Ominosa por la vuelta de Fernando VII a España y, por lo tanto, la vuelta de la monarquía absoluta. El monarca borbón es mucho más vengativo y rencoroso y da comienzo otro exilio liberal. Los liberales deben marcharse otra vez a Londres, ya que en Francia reina Carlos X, que, al contrario que su predecesor, Luis XVIII, quien temía otra posible revolución del pueblo francés como con su abuelo Luis XVI, era un monarca reaccionario. Por lo tanto, los liberales se vuelven a marchar a Inglaterra, donde se encuentra Blanco White, quien publica diferentes periódicos como El Mensajero de Londres. Fernando VII solamente toleraba periódicos económicos y literarios, ya que la libertad política de prensa estaba prohibida. En 1830 Fernando VII cae enfermo, así que los liberales están expectantes para saber qué va a pasar en España porque la única heredera al trono es su hija. El rey toma una medida que provoca una guerra civil, ya que la dinastía borbónica no aceptaba que reinase una mujer debido a la Ley Sálica. Así pues, Fernando VII firma la abolición de la Ley Sálica para que su hija Isabel pudiese reinar tras su muerte. Fernando VII muere en 1833 e Isabel hereda el trono, pero los partidarios de la monarquía absoluta quieren que gobierne el hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro. Los liberales deciden apoyar a Isabel porque piensan que al ser mujer y tan joven podía ser manipulada fácilmente. Entre 1833 y 1840 comienza una guerra civil en España, la Primera Guerra Carlista entre los absolutistas y los liberales, entre los partidarios del infante Carlos María Isidro y los partidarios de la reina Isabel, que duró casi siete años. El reinado cae en manos de María Cristina de Borbón, que se convierte en regente porque Isabel solamente tiene tres años cuando Fernando VII muere.

En 1833 los liberales vuelven del exilio y tres años antes en Francia había caído
Carlos X y, por lo tanto, el absolutismo. La prensa de París había acabado con la
monarquía absoluta en Francia y por primera vez los periódicos sacan al pueblo a la calle para que acabe con el reinado de Carlos X en la conocida Revolución de
1830. Son los periódicos los que llevan la idea de libertad al pueblo para que este
salga a la calle y asalte el Palacio de Versalles. Desde Londres vuelve Blanco White y desde París Andrés Borrego, el más interesante fundador de periódicos de la época. El periódico más importante de la época es un periódico que se realiza
siguiendo los modelos de París y Londres, llamado El Español (1835-1838). El
Español era un periódico conservador al modelo británico y tiene como gran
colaborador a Mariano José de Larra. El periódico tiene el mismo modelo que el
The Times, con sus cinco columnas y su mismo tipo de letra y dispone de corresponsales en Lisboa, París, Londres o Roma. Larra se convierte en el periodista más importante de la época y ya había sacado periódicos como El duende satírico del día o El pobrecito hablador, aunque después comienza a colaborar en el El Español. Larra recoge el espíritu de la Ilustración y sus artículos de costumbres se hacen muy famosos, a pesar de que únicamente vivió 28 años. También percibió las dificultades que iba a tener la implantación del sistema
liberal en España

Se dieron dos modelos de periódico: el modelo liberal conservador y el modelo
liberal progresista. En esa época el periódico progresista por antonomasia pasa a ser El Eco del Comercio. En la década de 1830 se hacen grandes reformas y comienza la historia del Estado liberal en España. De hecho, en 1833 se realiza la primera división provincial de la historia de España. La Gaceta de Madrid cambia su nombre y pasa a llamarse Boletín Oficial Nacional y en cada provincia se crea una diputación y el boletín de cada provincia. Comienza la construcción del Estado liberal español en un contexto muy difícil, en medio de una guerra civil.

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