El siglo XX está considerado el comienzo de la era de la comunicación de masas.
Nace un nuevo modelo de comunicación basado en grandes empresas periodísticas que dominan el primer tercio del siglo XX. A nivel global el siglo XX es el siglo de las guerras y los desastres, de la I Guerra Mundial a la caída del comunismo. En España
el cambio de siglo tiene unos límites muy claros. En España el inicio de una nueva
etapa de su historia tiene lugar con la crisis de 1898 tras la pérdida de Cuba y Filipinas. Esta etapa da comienzo al principio de la Segunda Revolución Industrial con la Conferencia de Berlín de 1885 y finaliza con la I Guerra Mundial. Se realizan grandes avances como el petróleo, la electricidad, el motor de explosión o la industria química.
España afronta una guerra colonial desde 1895 hasta 1898, un levantamiento
independentista de los restos de su imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Los periódicos, durante los tres años que dura la guerra colonial, se ocupan
principalmente de las noticias que llegan de dicha guerra. La Guerra de Cuba ocupa
las páginas de los periódicos en los últimos años del siglo XIX y se considera uno de los momentos del inicio de la propaganda moderna. En Estados Unidos es conocida como la guerra de Hearst, en referencia al periodista, empresario, editor y publicista estadounidense William Randolph Hearst. A finales del siglo XIX se
asiste en Estados Unidos a un nuevo fenómeno periodístico conocido como
amarillismo, una exacerbación del sensacionalismo, y a una lucha de tiradas entre Joseph Pulitzer y Hearst. Los periódicos explican que Estados Unidos no puede permitir que una armada extranjera esté tan cerca de las costas estadounidenses, así que obligan mediáticamente a que el gobierno interceda en la guerra entre Cuba y España, por eso mismo toma el nombre de la guerra de Hearst. En España
los periódicos respondieron igual que habían hecho los estadounidenses, con
grandes dosis de patrioterismo, un patriotismo falso basado en el cinismo. La
prensa española, excepto la socialista y la anarquista por su ideología antisistema,
está a favor de que España vaya a la guerra contra Estados Unidos porque piensan que los estadounidenses son unos novatos y no pueden vencer a la armada española. Sin embargo, la anticuada flota española sucumbe ante los modernos acorazados de los estadounidenses y la guerra finaliza pronto. El hundimiento de
la flota española significa la toma de conciencia de la crisis en la sociedad porque la gente se percata de que ha ido mal y España se ha quedado al margen de la Revolución Industrial.
Todos se echaron la culpa unos a otros del desastre de la pérdida de las colonias y se culpó también a la prensa, que lo pagó muy caro por el patrioterismo y la falta de realismo con los que impregnaron sus páginas solo para vender más ejemplares. De hecho, hubo una crisis de credibilidad de la prensa por todo ello y
existe un antes y un después para la prensa. El protagonismo de la prensa en el
desastre del 98 trae consigo una reestructuración general del panorama
periodístico que se tradujo en un proceso de concentración empresarial a
comienzos del siglo XX. Por su parte, la prensa culpa a los políticos del desastre.
Los políticos se quitan del medio y no quieren responsabilizarse de ello. Además, el Partido Conservador se había quedado sin su líder histórico, Antonio Cánovas del
Castillo, quien había sido asesinado unos meses antes (8 de agosto de 1897) del
final de la guerra por Michele Angiolillo, un periodista anarquista. El responsable
máximo de la guerra era Cánovas del Castillo, pero había sido asesinado. Francisco Silvela, quien sustituye a Cánovas del Castillo como líder del Partido Conservador, escribe en su periódico personal, El Tiempo, un artículo en el que decía que la culpa del asesinato de Cánovas del Castillo era de la sociedad española por su pasividad.
Dada la crisis existente en España, aparece un nuevo concepto conocido como el regeneracionismo, que consistía en cambiar España desde todos los ámbitos. La responsabilidad la asume el Partido Liberal, que firma el Tratado de París de 1898 por el que España perdía todas las colonias que le quedaba, ya que nadie quería estar en ese momento en la política. Las élites intelectuales toman conciencia del desastre y asumen la necesidad de regeneración que España demanda. Surgen muchas ideas regeneracionistas en las páginas de los periódicos. El primer modelo de regeneración es conservador y viene de Francisco Silvela, y consistía en
movilizar a las clases neutras, es decir, regenerar el país desde las élites. Silvela
decide hacer un gobierno de concentración nacional y llamar a los mejores para sacar España adelante. El periódico más importante de España en ese momento, El Imparcial, lanza una propuesta concreta de regeneración llamada política hidráulica, que consistía en crear canales de riego, embalses, carreteras, ferrocarriles, obras públicas… Silvela quiere contar con El Imparcial para realizar esa regeneración en España y mete al director del periódico, Rafael Gasset (hijo del fundador, Eduardo Gasset, y tío de José Ortega y Gasset), en el gobierno. La introducción de Rafael Gasset en política es el fin de El Imparcial porque su propietario entra política y deja de ser imparcial.
El 16 de abril de 1900 el gobierno crea dos nuevos ministerios, el Ministerio de la
Regeneración Nacional y el Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras
Públicas. España en este momento tiene dos grandes problemas estructurales. El
primero es que más de la mitad de la población es analfabeta y el segundo es que el motor de la economía española es principalmente la agricultura. La importancia de la agricultura en la economía española queda reflejada con la creación de dicho ministerio. El programa de El Imparcial tiene un gran problema, que hace falta mucho dinero para la construcción de las obras públicas y la educación. En el Parlamento de la Restauración solamente había representantes de la oligarquía, por lo tanto con esa representación nunca se podía crear una ley de impuestos que
ayudase a que el Estado pudiese recaudar más fondos.
En 1902 sube al trono Alfonso XIII, quien se convierte en el personaje más
importante de la política española hasta la II República. Alfonso XIII es un rey
intervencionista, ya que decide entrar en política y gobernar. Alfonso XIII es
considerado el rey de la regeneración y la modernización de España, quitándole el
protagonismo a El Imparcial. El gobierno de Silvela entra en crisis, provocada por
Rafael Gasset, ya que el director de El Imparcial, el gran impulsor para reformar
España, no consigue el dinero necesario para realizar dichas reformas. Silvela se
agarra a Antonio Maura, el nuevo jefe del Partido Conservador. Maura, al igual que
Silvela, considera que la regeneración tiene que ser producto de las élites. Si el
Partido Conservador encontró rápidamente el recambio a Cánovas tras la corta etapa de Silvela con Antonio Maura, el Partido Liberal no hizo lo mismo tras la
muerte de Sagasta en 1903. Los progresistas viven el pleito por la jefatura del partido porque no saben quién debe liderar el Partido Liberal. El Partido
Conservador también encuentra otro gran soporte periodístico, el diario ABC, que
se crea en 1903. El ABC es la plataforma del regeneracionismo moderado y es el
primer diario gráfico de la historia del periodismo español. De hecho, el ABC nace gracias al éxito de la revista Blanco y negro y es muy revolucionario en cuanto a su formato, con muchas páginas, fotografías y reportajes. En poco tiempo el ABC se convierte en el gran competidor de El Imparcial.
En Barcelona no quieren saber nada de la política central. De hecho, en noviembre
de 1905 hay elecciones locales en Cataluña y los nacionalistas ganan por amplia mayoría, algo que enfadó enormemente a la monarquía. Además de La Veu de Catalunya, los nacionalistas catalanes encuentran otro apoyo periodístico en una revista satírica llamada ¡Cu-Cut!, que también forma parte de la empresa que controla La Veu de Catalunya. Para festejar los resultados electorales, la revista ¡Cu-Cut! publicó un chiste caricaturesco que molestó a la monarquía, ya que se consideró una humillación al ejército español por parte de los catalanistas. Por lo tanto, el ejército español asentado en Barcelona decide quemar la redacción de la revista. Alfonso XIII es partidario de esta respuesta del ejército español y obliga al gobierno a una reforma de la ley de prensa, la Ley de Jurisdicciones, aprobada en marzo de 1906. La Ley de Jurisdicciones introduce una gran reforma de la ley de prensa que dice que las ofensas contra los símbolos nacionales (ejército, bandera,monarquía…) pasan a depender de la jurisdicción militar, lo que significa que las penas pueden alcanzar incluso las penas de muerte. La Ley de Jurisdicciones significa la claudicación del poder civil ante al poder militar, una intervención directa de Alfonso XIII en la política. Durante casi tres años, Antonio Maura se mantiene en el gobierno.
Mientras Antonio Maura piensa que el cambio en España debe llegar a través de la movilización de las élites, los progresistas no se deciden para encontrar un nuevo líder del Partido Liberal. Antonio Maura no está de acuerdo con las ideas
reformistas de El Imparcial y cree que el poco dinero que tiene el Estado debe
emplearse en reformar la armada y favorecer la industria naval. Para hacer frente a Maura, se forma una unión de todos los periódicos liberales españoles, la Sociedad Editorial de España, con El Liberal como gran motor de esta asociación. Los tres grandes diarios liberales españoles se van a fusionar en la Sociedad Editorial de España, creando así un trust de empresas, que dura tan solo 10 años (1906-1916). El Imparcial representa la política hidráulica, El Liberal representa la reforma política a través del republicanismo y El Heraldo de Madrid representa la necesidad de comenzar por los problemas sociales, pero su rechazo a Antonio Maura les junta para intentar acabar con él. Cada uno de esos tres grandes periódicos, representaba cada uno un gran matiz dentro del liberalismo. Maura tiene el apoyo del ABC, el ejército y el rey y comienza una serie de reformas. Antonio Maura dura tres años en el gobierno, ya que le sobreviene un nuevo obstáculo que le impide continuar más tiempo, la guerra de Marruecos. En el verano de 1909 hay una sublevación en Marruecos contra la presencia española en Ceuta y Melilla. El gobierno, ante la guerra de Marruecos, decreta movilización general y llama incluso a los reservistas, lo que provocó un estallido social. Sobre todo hubo una gran revuelta anarcosocialista en Barcelona contra Antonio Maura conocida como la Semana Trágica. Los obreros la tomaron con la Iglesia católica y comenzaron a quemar conventos e iglesias y Maura tuvo que buscar un responsable de la revuelta. El gobierno decidió que Francisco Ferrer era el instigador de la Semana Trágica y fue fusilado en el castillo de Montjuic, convirtiéndose en el gran símbolo
de la represión. En torno a la figura de Ferrer los liberales encontraron una causa
para acabar con Antonio Maura
La sociedad periodística y política española se dividió en dos y los liberales crearon una gran campaña para acabar con el gobierno de Maura responsabilizándolo de la Semana Trágica al publicar un editorial muy duro contra el jefe de gobierno. La crisis de 1909 dinamita el pacto entre el Partido Conservador y el Partido Liberal
debido al editorial de El Imparcial, ya que los progresistas no reconocen a Maura
como jefe del Partido Conservador. El rey Alfonso XIII lee el editorial de El Imparcial donde el periódico avisa de que le puede quitar el apoyo al monarca si Maura continúa en el gobierno, lo que se convierte en la ruptura total del turnismo
y el fin de los Pactos de El Pardo y desencadena una nueva crisis política. Para suplir a Maura, Alfonso XIII llama a José Canalejas, fundador de El Heraldo de
Madrid y nuevo líder del Partido Liberal. Canalejas representa el otro proyecto de
reforma, el de las reformas sociales. Canalejas lanza su gran proyecto político, el de la separación entre la Iglesia y el Estado con la Ley del Candado, que consistía en limitar paulatinamente el poder de la Iglesia sobre la educación. Al igual que los liberales se habían unido contra Maura, los conservadores hacen lo propio y seunen para acabar con Canalejas. Frente a Canalejas, la España católica lanza un gran diario llamado El Debate.
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